Es un pequeño parque sombreado por árboles centenarios y rodeado de hermosa arquitectura colonial.

Durante el día reina una tranquilidad absoluta. Sobre las copas de los árboles se escucha el suave canto de pequeños pajaritos, que han construido allí sus nidos. A sus pies suelen pasearse las gorditas palomas urbanas, siempre dispuestas a conseguir algo de comida. Basta con sentarse en un banco con un panecillo para verse rodeado enseguida por toda la bandada…
Es inevitable recordar una paloma que vimos una vez, ocupadísima mordisqueando un hueso de pollo.
Pero entre ellas también hay auténticos aristócratas. Los ornitólogos las llaman palomas torcaces. Son algo más pequeñas, sorprendentemente elegantes, de delicados tonos pastel, y además se comportan de otra manera. Son menos inquietas, más románticas, parecen vivir absortas en sus propios pensamientos… como si estuvieran componiendo poesía en silencio. ¿Cómo terminaron estas aves del bosque viviendo en plena ciudad?… Quién sabe, quizá simplemente se les desconfiguró el navegador.

En el centro de la plaza se alza el monumento de bronce a Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria. El lugar no fue elegido al azar. Precisamente aquí, en el siglo XIX, se reunían en secreto los miembros de La Trinitaria, la sociedad clandestina fundada por Duarte. Desde este lugar planificaron la lucha contra la ocupación haitiana de 1822-1844 y el camino hacia la independencia de la República Dominicana.


Los documentos históricos cuentan que esta plaza tuvo un pasado mucho menos tranquilo. Durante la época colonial fue escenario de corridas de toros y de otros espectáculos públicos. Diversas crónicas afirman también que, a comienzos del siglo XVI, los conquistadores españoles ejecutaron aquí a varios indígenas. Según la tradición, la reina taína Anacaona fue ahorcada precisamente en este lugar…
A esta oscura historia se sumó más tarde el pirata Francis Drake. Antes de abandonar la saqueada ciudad de Santo Domingo, ordenó ahorcar aquí a dos ancianos monjes.
En ocasiones también se habla de hogueras de la Inquisición. Sin embargo, eso nunca ocurrió en la isla. La Inquisición española no celebró autos de fe con ejecuciones en Santo Domingo. La isla de La Española dependía, de manera formal, del tribunal establecido en Cartagena, en la actual Colombia. Las ejecuciones que tuvieron lugar en la isla fueron llevadas a cabo por las autoridades civiles, no por la Inquisición.



Justo enfrente del Parque Duarte se encuentran un antiguo monasterio y una hermosa iglesia, ambos con una historia realmente fascinante…
